CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

viernes, 16 de febrero de 2018

RESEÑA DEL LIBRO DE FRANCISCO JAVIER AGUIRRE, "LA OTRA VIDA DE LOS AMANTES DE TERUEL".

EL”AFFAIRE THEODORAKIS” O LA PASIÓN POR TERUEL




 Todos los culturetas turolenses que lucimos canas desde hace ya algunos años y de una u otra manera nos hemos dedicado a la escritura o a la música tenemos una cuenta pendiente con Francisco Javier Aguirre, archivero, bibliotecario, crítico musical, escritor… En suma, profesional de la cultura por vocación y activista cultural por devoción, que a finales de los años setenta recaló en nuestra ciudad por voluntad propia y comenzó una labor modernizadora de las diferentes instituciones que dirigió durante sus diez años de estancia (1978-1988): Biblioteca Pública, Archivo Histórico, Centro Provincial de Coordinación de Bibliotecas y Servicio Provincial de Cultura y Educación.
Con ser muy importante lo anterior, en mi caso lo fue todavía más su actividad paralela. La llamada “generación paulina” y los profesores que la concitaron habían comenzado su particular diáspora y los jóvenes de finales de los setenta nos encontrábamos huérfanos de magisterio. La llegada de Javier trajo aires nuevos a nuestra pequeña capital de provincia y con él, siquiera parcialmente, vislumbramos la movida cultural madrileña: organizó ciclos con escritores de primerísimo nivel (todavía recuerdo los íntimos encuentros, casi en familia, con Ramiro Pinilla, Manuel Villar, Jesús Torbado, etc.); dotó a Teruel de una fonoteca con excepcional sala de audición; dinamizó tertulias literarias con presencia de intelectuales de relieve; organizó ciclos y conferencias sobre los más diversos temas, en los que se daba participación como presentadores a los jóvenes; apoyó revistas… Vamos, que en esa etapa tan importante de la vida de las personas en las que uno está buscando su lugar en el mundo, y más si habita en una ciudad de cuya existencia incluso se duda, personas como él dejan huella, marcan rumbo y se agradecen.
Pero hablemos de su libro La otra vida de los Amantes de Teruel, una muestra más de su pasión por todo lo relativo a nuestra provincia en general y a su capital en particular. En él relata su novelesca búsqueda por media Europa del rastro de una(s) –al final descubrió que eran varias- composiciones de Mikis Theodorakis dedicadas a los Amantes, narrada casi como si fuera una novela enigma, policiaca o de aventuras y que culminó, gracias a sus gestiones, con una nueva creación del genial músico griego, una Suite Sinfónica, dedicada ex profeso a ellos para que fuera estrenada en Teruel, lo que consiguió con tenacidad navarroaragonesa tras sortear múltiples obstáculos el 12 de junio del 2002 en la iglesia de los Franciscanos en un espectacular concierto ofrecido por la ONE.
Javier Aguirre bucea en la literatura, la música y el cine y nos refiere los viajes y gestiones diplomáticas que le llevaron a protagonizar y desentrañar lo que denomina el “affaire Theodorakis”. Sin embargo, el compositor y sus creaciones amantistas fueron sólo el principio y el final del camino, durante su tránsito nos descubre que nombres tan conocidos y populares como los de Édith Piaf o los Beatles también cantaron su trágica historia de amor, todo ello salpimentado de deliciosas subtramas de corte autobiográfico y memorialístico de su estancia en nuestra ciudad, en las que recuerda a modo de homenaje a personajes fundamentales de la cultura turolense, es el caso, por citar algunos, de Gonzalo Borrás, el padre Muneta o Francisco Burillo, entre otros, pero estas historias tan solo las apunta sin llegar a desarrollarlas. Esperamos, como sugiere el prologuista, Eloy Fernández Clemente (otro de esos nombres fundamentales con los que estamos en deuda los turolenses, ya no solo por sus libros e investigaciones, sino por algo que ahora es una realidad y cuya semilla él plantó: nuestro coqueto campus universitario), que esos recuerdos sean tan solo el aperitivo de una suculenta comida en forma de memorias que, sin lugar a dudas, harán las delicias de muchos de nosotros, si bien, quizá a más de alguno pudieran resultarles un tanto indigestas.
Esta reseña fue publicada en el suplemento del Diario de Teruel, "Espejo de tinta".



Francisco Javier Aguirre, La otra vida de los Amantes de Teruel, EPV, 2017.




domingo, 11 de febrero de 2018

TRAS LA HUELLA DE LOS AMANTES EN LA LITERATURA (III)

POESÍA (II)

El artículo completo en TURIA NÚM. 124



   Así llegamos a la obra magna del gran valedor de la historia, el notario letraherido con aspiraciones de poeta, Juan Yagüe de Salas, quien en 1616 publicó su Epopeya trágica, un poema narrativo de corte culterano, con fuerte sabor costumbrista, frecuentes alusiones mitológicas, digresiones escolásticas, citas de poetas clásicos, griegos y latinos, bíblicas, etc., en total 20.043 endecasílabos en los que utiliza aspectos y detalles amantistas aparecidos con antelación en Villalba y Huerta.
        Yagüe de Salas buscó para su Epopeya, previo pago, el apoyo explícito de autores de prestigio contemporáneos, con el fin de refrendar con su autoridad la calidad de su obra, así incluyó sonetos[1]  laudatorios de escritores de la talla de Cervantes, Lope de Vega, Guillén de Castro o Jerónimo de Salas Barbadillo -con el que quizá le uniera algún parentesco y desde luego una importante amistad-, entre otros. Estas composiciones fueron escritas probablemente durante la segunda mitad de 1615, la de Cervantes es sin duda la de un escritor en la recta final de su vida, trasluce la “voz cansada” de quien escribe con cierta desgana y por compromiso una laudatio de circunstancias. Por su parte, el soneto de Lope presenta más hondura, calidad y tensión poética.
           

  Habrá que esperar hasta comienzos del siglo XX, para llegar a la otra gran obra recopilatoria sobre el tema, se trata del Cancionero publicado por Domingo Gascón y Guimbao en 1907, en el que reúne 500 piezas de autores coetáneos, con nombres tan relevantes como el Duque de Rivas, Emilia Pardo Bazán, Amado Nervo, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, etc[2].
            En 1958, en una publicación miscelánea[3] se incluye una composición poética de mérito compuesta de veinte estrofas agrupadas en cuatro cantos del poeta cordobés Leopoldo de Luis titulada “El Amor y la Muerte”.
            Otro hito fundamental de la poética amantista es la creación en 1962 del Certamen Poético de los Amantes, entre cuyos premiados se encuentran poemas notables, caso de las de Carlos Luis de la Vega, reconocido amantista y creador de la letra del Himno a los Amantes, merecedor de la flor natural en 1978 por su soneto “Decídselo a la rosa: que no muera…” o el de la turolense Raquel Lozano, “Fue por tus labios fríos cuando supe…”.
          
  Gregorio Ambrosio Gómez es el poeta local que más los ha cantado, en 1969 les dedicó unas Coplas, en las que recreaba su historia y cantaba al amor. Casi treinta años más tarde volvió sobre el tema con el Romance del amor hallado (1997), y cinco años después realizó una nueva aportación poética con Un lugar para el amor. Historias y romances de Teruel y sus Amantes.
            Ya en el siglo XXI es de reseñar por su calidad literaria la selección de poemas de poetas aragoneses en torno a la pasión y el amor de la antología coordinada por Manuel Martínez-Forega, Amantes. 88 poetas aragoneses (2017).



[1] Ya unos años antes, en 1609, Cristóbal Suárez de Figueroa les dedicó un soneto inserto en el Discurso II de La constante Amarilis.

[2] Aunque no participó en esta obra colectiva, Miguel de Unamuno les dedicó también un romance.
[3]Los Amantes de Teruel, volumen publicado por el Instituto de Estudios Turolenses en el que recogen todas las obras (poemas, ensayos, artículos, etc.) que con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de las momias de los Amantes se dieron a la imprenta en  1955.

miércoles, 7 de febrero de 2018

TRAS LA HUELLA DE LOS AMANTES EN LA LITERATURA (II)

Poesía

El artículo completo en TURIA NÚM. 124

            Dejando a un lado las menciones puntuales a los Amantes del siglo XV, tanto la poco probable de Juan de Valladolid en el Cancionero d’Herberay des Essarts (1463), como la más fiable, pero tampoco segura, presente en Triste delectación (1458-1467), donde “Marcilla y su dama” ocupan ya un lugar preeminente en el cielo de los enamorados, son el XVI y XVII, coincidiendo con los de nuestra literatura, los Siglos de Oro de la tradición amantista, en especial en lo que respecta a su presencia en obras poéticas de todo tipo y metros (un romance que comienza, “En Teruel, Príncipe Augusto”[1] y su contrapunto paródico, Relacion burlesca intitulada Los Amantes de Teruel, para cantar y representar, compuesta por un aficionado (s.a.), sonetos, poemas caballerescos, etc.).  Entre 1550 y 1619 se escribieron seis obras de entidad. Desde la hoy perdida, Historia lastimosa y sentida de los tiernos amantes Marcilla y Segura (anterior a 1555), escrita por el turolense Pedro de Alventosa[2], hasta llegar a ese momento cumbre del amantismo que supone la Epopeya trágica (1616), de Juan Yagüe de Salas.
            La Silva tercera a Cintia, presente en las Obras (1566) del poeta neolatino bilbilitano Antonio Serón[3],  se ajusta en lo esencial a la tradición, si bien presenta ciertas variaciones: añade un patético discurso de Isabel momentos antes de morir; no dice que Marcilla fuera pobre ni segundón, por lo que no tuvo necesidad de ir en busca de honores y riquezas; no hace referencia al tema del plazo ni se menciona la escena de la alcoba.
          
  Bartolomé de Villalba y Estaña es el autor del primer libro de viajes por España[4], El pelegrino curioso y grandezas de España, de 1577, un proyecto narrativo de veinte libros de los cuales solo se conservan ocho, los que constituyen la Primera parte de las tres en que fue repartida la obra. Villalba no pretende realizar una crónica de viaje al uso, su última intención es fundamentalmente literaria, de manera que episodios folclóricos, literarios e históricos jalonan el itinerario geográfico de la obra, presentando, en ocasiones, verdaderas novelas cortas al estilo italiano, caso de la de los Amantes, presente en el tomo séptimo y escrita en verso. Las novedades más destacables de su relato son: los hechos se localizan en 1280; el plazo es de siete años; incluye un falso testigo de la muerte de Marcilla y una muy bocacciana escena de alcoba; la amante muere al abrazar el cuerpo del difunto en la Iglesia de San Pedro y, lo más novedoso, el milagroso final con explícita mención a la incorruptibilidad de sus cuerpos: “juntos prevalecen hoy en día,/sanos, incorruptibles y olorosos […]”         
            En la égloga Galatea, Amaranta (1581-1584) de Pedro Lainez -reconocido poeta en su época, amigo íntimo de Cervantes y de Lope, pero absoluta e injustamente olvidado después- se narra su historia de amor y por primera vez se le da el nombre de Isabel a la amante.
       Inspirado en la obra teatral de Rey de Artieda, el canto    noveno del poema caballeresco, Florando de Castilla, lauro

de caballeros (1588), del aventajado discípulo de la escuela de Ludovico Ariosto, el médico Jerónimo de Huerta, incluye el episodio de los trágicos amores turolenses, si bien presenta una cierta evolución en su tratamiento, que pasa del amor cortés medieval al cortesano renacentista.




[1] Véase al respecto PEREZ LASHERAS, Antonio (2003), La literatura del reino de Aragon hasta el siglo XVI, Zaragoza, Biblioteca Aragonesa de Cultura, pp. 99-100.
[2] Edición vista por el bibliógrafo Gayangos en la biblioteca de los duques de Marlborough, en Inglaterra, en 1838. Se desconoce el paradero actual de dicho ejemplar.
[3] Estudiada por Gascón y Guimbao en el prólogo a Los amantes de Teruel. Antonio Serón y su silva á Cintia,  Madrid, Imprenta de los hijos de M. G. Hernández, 1907.
[4] Poco después, en 1586, un viajero castellano redactó a su paso por la ciudad la conocida como Relación anónima, que aporta datos literarios y locales sobre la leyenda. Siguiendo pues la estela iniciada por Bartolomé Villalba, todos los viajeros que han pasado por la ciudad desde entonces, caso de Antonio Ponz, el Barón de Bourgoing, Pablo Riera, Begin, Richard Ford, Davillier, Fajarnés, Michener o Candel, entre otros, han hecho mención a su existencia. En general son referencias asépticas o poco favorables a su historicidad. De igual forma, son también numerosos los escritores que hacen mención a su historia en alguna de sus obras, caso de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Pedro Antonio de Alarcón,  Galdós, Baroja, Max Aub, y un largo etcétera. Incluso el propio Cela en su Viaje a la Alcarria, pone en boca de un mozo la siguiente jota: “Si buscas novia en Teruel,/búscatela forastera/mira que matan de amor/las mujeres de esta tierra.”